La vocación en el Antiguo Testamento.
En el Antiguo Testamento, esta llamada única va perfilándose en ciertos tipos de respuestas que exigen actitudes de liberación de su pueblo, comprometiendo a algunos hombres en ese trabajo que nace en el acontecimiento natural, pasa por la revelación Teofánica y termina con el compromiso del llamado, que es la aceptación fiel del Proyecto de Dios, por parte del hombre.
Llamados en el Antiguo Testamento.
Abraham.- “ Deja tu país, a los de tu raza y a la familia de tu padre y anda a la tierra que yo te mostraré... y Tú serás una bendición” ( Gen 12, 1ss).
Moisés.- Dios dijo a Moisés “ ve, pues yo te envío...Yo estoy contigo” (Ex 3, 10ss ).
Samuel.- Samuel respondió: “ habla Yavhé, que tu siervo escucha.” ( Is 3, 1-0).
David.- “ Y el Espíritu de Yahvé permaneció con David desde aquel día.” (Is 16, 13).
Isaías.- “... tocó con él mi boca y dijo: mira esto ha tocado tus labios, tu falta ha sido perdonada y tu pecado borrado.” ( 1S, 1-8).
Jeremías.- “ Y me contestó Yavhé: No me digas que eres un muchacho. Irás adonde quiera que te envíe y proclamarás todo lo que yo te mande. No tengas miedo, porque estaré contigo para ampararte“
Josué.- “Habló Yavhé a Josué ... y le dijo: ...pasa ese jordán, tú con todo este pueblo, hacia la tierra que les doy”. Jos.1, 1ss.
La vocación en el Nuevo Testamento
El llamado se identifica con la dinámica de fe, que supone un plan y una palabra salvífica de Dios, hecha palabra redentora en Cristo, a través de acontecimientos históricos que culminan en la Pascua. Es una opción progresiva del hombre por Cristo, que va desde la conversión, pasa por una vivencia profunda en la vida de los Sacramentos hasta llegar a una opción apostólica por medio de un misterio o carisma al servicio de la Iglesia.
Textos del llamado en el Nuevo Testamento
La vocación ocurre históricamente en el diálogo Dios-Hombre, que tiene una respuesta de opción por la liberación.
Juan Bautista.- Dijo Juan Bautista: “Pero otro viene después de mí y más poderoso que yo”. Mt 3,11.
San Pedro.- “Señor tu sabes todo, tu sabes que te quiero”. Jn 21,17.
San Pablo.- El Señor le contesto a Ananías refiriéndose a Pablo: “Yo le mostraré todo lo que tendrá que sufrir por mi nombre”.
María.- “Contestó María: Yo soy la servidora del Señor; hágase en mí lo que has dicho”. Lc 1,38.
Mateo 28; 5.- El Ángel se dirigió a las mujeres y les dijo: “Vosotras no temáis, pues sé que buscáis a Jesús el Crucificado”.
Juan 20: 16-17.- Jesús le dice: “María. Ella se vuelve y le dice en hebreo: Robboní, que quiere decir Maestro. Dísele Jesús: No me toques que todavía no he subido al Padre. Pero vete a donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios”.
Lucas 10: 38-42.- “Le respondió el Señor: Marta, Marta, te
preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada”.
Estos textos de la vocación del pueblo de Dios, ponen de relieve diversas situaciones en las que Dios interviene para salvarle señalándole a la vez el destino peculiar en la historia de la salvación.